viernes, 1 de enero de 2021

 

Recuerdos Navideños de mi infancia.

 

En un pueblo minero del Norte peruano en el departamento de la Libertad, llamado  Quiruvilca, cuya traducción del quechua significa: “Ojo de plata” en esos tiempos, fue muy cotizado por el  mineral de plata que se extraían de sus minas. Si bien el lugar era agreste por la carencia del verdor en su geografía,  sin embargo, en lugares altos podía encontrarse especies  del anhelado verdor de vida. Otro elemento singular se daba en  reemplazo de plantas y flores. Se veían grandes espacios del lugar que despedían un brillo fluorescente. Era los resultados del contacto de la luz solar con los minerales que copaban la superficie.

Nos parecía escuchar a los adultos,  que el lugar era muy frío, la verdad que siendo niños era obvio, que nuestro soporte  para aceptar las temperaturas  no hacían  eco  en nuestros pequeños cuerpos o por lo menos no lo sentíamos, sin embargo, la altitud de la zona era de 4000, msnm.

 

Este distrito, por pocos años, fue nuestra residencia familiar. Allí transcurrió mi primera  infancia.

 Papá, luego de haber realizado  sus estudios en la capital de La Libertad, Trujillo se estableció en este lugar  con la familia, laborando en un interesante trabajo. Para entonces, además de mis padres, los hermanos solo éramos cuatro: Olga, Víctor, Elsa y Rosa Elvira quien siendo la última, de los hermanos,  en ese tiempo, solo tenía pocos meses de edad. Nuestras edades no pasaban de los doce años y posiblemente yo no llegaba a los siete. Algo favorable para nuestro desarrollo social es que teníamos la cercanía de otros parientes, cuyos padres también laboraban en la zona.

Mi entusiasmo y curiosidad por el lugar abrillantado se basaba en conocer esa vista lejana que capturaba mi mirada cada mañana, mi imaginación de niña captaba figuras y situaciones raras, notaba que si movía mínimamente mi vista ellas cambian su brillo en forma rápida moviéndose  de un lugar a otro. Repetía una y otra vez: Tengo que llegar a verlos más cerca y tal vez pueda tocarlos.

No tardó mucho tiempo,  Junto a mis hermanos tuvimos que asistir a la pequeña  escuelita y descubrimos que muy cerca se  vislumbraba ese lugar de mi inquietud: que antes se veía tan lejano. 

Al salir de las clases  mis hermanos  me llevaron a conocer el lugar, atraídos todos por su esplendor. Decidimos avanzar  lo más cerca. No era un espejismo, eran portentosos minerales  que cubrían grandes espacios de terreno. Pude tocar pedazos del mineral. Su belleza era mágica  y hasta llevé  a casa una pequeña porción  para preguntar a papá sobre mi gran hallazgo.  Él me enseñó que ese mineral se llamaba Pirita.

Pasados los años y cuando no estaban a mi alcance pude comprar pedazos de esos minerales por los recuerdos que impregnaron mi infancia.

Mi abuela Eudocia era  una señora muy religiosa  ejercía su autoridad con sus nietos con cariño. Yo la quería mucho, todavía  guardaba una muñeca de tela,   hecha por ella cuando yo era muy pequeña. Ella era la menor de dos hermanos uno fue médico, y el otro sacerdote católico, quien ejercía su sacerdocio en Trujillo. Además parecía que al curita, le gustaba adquirir propiedades, tenía  más de tres casas en el centro de la ciudad trujillana. El abuelo Buenaventura, su esposo, era un intelectual escribió un libro y fue director de colegio por muchos años en la ciudad de Cajabamba, provincia de Cajamarca. 

La abuelita, Eudocia, era la primera en hacerse presente en las ceremonias cristianas con sus rosarios y otros eventos, tenía muy presente las fechas religiosas.

Estando cerca la fecha navideña, no dejaba de anunciarnos  que todos deberíamos participar en esa gran celebración, decía: ¡es el nacimiento del niño Jesús!  Vayan pensando y preparando el lugar donde levantaremos el nacimiento navideño.

Todos los primos y primas que no pasaban de doce años y entre ellos yo quien era la menor, guardábamos con  mucha expectativa, esa celebración. Sin duda,  quedó grabada en mi memoria como uno de los mejores recuerdos familiares de mi niñez, tanto por el mensaje recibido como por la interacción familiar. 

La abuela Eudocia, tenía su agenda establecida junto a las  funciones de cada uno de nosotros. Las niñas limpiarían todo el ambiente destinado al natalicio del niño Jesús.

Los varones se dedicarían a escalar las montañas cercanas para sacar los pastos verdes que se conocían como champas, estas tenían texturas aterciopeladas y  por supuesto las  infaltables piritas en pequeñas piezas. Ellos serían el marco  para el lugar principal. Era un cuarto de gran tamaño  casi la mitad sería ocupado por la estructura navideña, desde el piso hasta el techo de la habitación.

Las indicaciones se daban un día a la vez.

Ella solo anunciaba lo que no podía faltar y algunas guías para diseñar el establo y los caminos rurales. No terminaba de sombrarme ese cuarto escogido, con tanto espacio. Sin duda ya me sugería de la importante de la fecha.

Se crearon pequeñas cataratas con espejitos verticales o tal vez simulaban serlo, en sus bases se hallaban las lagunas  para que descansaran plácidamente, los patos en pleno nado.  Los espacios para corrales y pastizales  para resguardar a las ovejas, se  cercaron con madera pintadas en verdes y amarillos.

Hicimos una construcción imaginativa con bases según el relato hecho por nuestra abuela  agregándole los recursos culturales que conocíamos desde  nuestra corta experiencia.

Mientras se terminaba el arreglo, por las tardes mi abuela sacaba su guitarra y empezaba a tocar y a ensayar algunos villancicos que cantaríamos en la gran fecha.

El penúltimo día,  antes de la exposición final reunidos todos los arquitectos paisajistas, nuestra líder pedía que le ayudaran a sacar de su cuarto, un pequeño baúl, posiblemente de cedro,  allí  guardaba los tesoros navideños. Con sumo cuidado sacaba uno por uno: La sagrada familia, los ángeles, seguidos de pastores, animales vacunos, ovinos, todos envueltos celosamente en papeles de colores y de textura suave. Finalmente, sacó al niño. Mirábamos asombrados. ¡Era hermoso!

Su rostro de colores rosado y marfil, de lindos ojos azules de mirada muy tierna de bebé. Un pelo muy negro ensortijado adornaba su bello semblante. Era un mestizaje español y peruano. Se dice que este modelo de niño fue traído desde España por los jesuitas, desde el Siglo XVI quienes impulsaron la devoción al niño Emanuel, en el Cuzco.

Teniendo los indígenas dificultad para reconocer ese nombre, se lo cambiaron por niño “Manuelito”, desde entonces se esforzaron en realizar las más hermosas esculturas las cuales eran exhibirlas en su celebración o sea en Navidad. Esta réplica religiosa que poseía la abuela, era una herencia de sus padres, desde el siglo XVIII.

Los personajes iban ocupando su lugar correspondiente. Entre subidas y bajadas por caminitos rurales, lagunas con los patos dentro de ellas, los pastores cuidando su rebaño y algunos en avanzada al lugar de la adoración. El ángel Gabriel tenía un lugar preferencial en las alturas.

 Era difícil creer que toda la estructura paisajística  hubiese sido hecha por niños. Faltaron los concursos, en esa época, de lo contrario  hubiésemos  sacado el primer premio. 

Allí no terminaba todo, la abuelita precisó que iniciáramos la novena para el niño, es decir un tiempo, cada tarde, para cantar los villancicos:

“Ya nació el niño Dios para ser el sol de los soles para alumbrar con su presencia a toda la humanidad…”

Continuaba el baile siempre al son de la guitarra,  tomados de la mano avanzábamos  hacia adelante, hacia atrás, en ruedas de derecha a izquierda. Seguida de oraciones de rutina, padres nuestros y ave marías.

Terminada la jornada nos daban un rico chocolate caliente.  Para el día 24 todos teníamos que tener las  cartitas escritas pidiendo al niño Dios el regalo que tanto habíamos soñado.

Muy emocionados ese día abríamos nuestros regalos que se encontraban al pie de la cama. Realmente nuestra inocencia nos llevaba a pensar que fue el niño Manuelito quien con amor nos repartió nuestros sueños.

La celebración no terminó en esa fecha sino el día seis de Enero que se recordaba la adoración de los reyes magos quienes entregaron sus regalos al niño Dios. Teniendo como nombres los reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltazar, felizmente me libré, que me pusieran por nombre Melchorita en lugar de Elsa.

Esa celebración marcó mi vida, mi sueño de niña era poder tener dinero para poder comprar esas imágenes y hacer mi propia festividad navideña.

 Pasados algunos años cuando ya radicábamos en la ciudad de Trujillo, mi mirada se fijaba en los ventanales de las tiendas, donde exhibieron esas imágenes y empecé a juntar mis “propinas” para llegar a tenerlas y, que piensan ustedes. ¡Lo conseguí!

Agradezco a Dios por estos recuerdos hermosos, pero encontrar a Jesús, en Espíritu y en Verdad significó, encontrar la VIDA.

 

 

 




sábado, 31 de octubre de 2020

 

 

Un alto en el camino.

 

                          ¡Libertad!

La genuina libertad sale a la  luz. Resplandece.

Es una constante que las encrucijadas de la  vida tratan de sofocarnos  creando en nosotros un ambiente de opresión y desajuste. Buscamos salidas  pretendiendo evadir  ese estado del que casi siempre somos protagonistas.

Cuando la crisis surge se disimula, se justifica, se  trata de hallar culpables. Con facilidad trasladamos a las personas o a la  vida nuestras incomprensiones o fracasos.  

La dignidad como esencia de vida esta muchas veces   fraccionada, difusa, porque evadimos compromisos. Si decidimos evaluarnos diseñamos nuestros propios hitos exceptuando otras opiniones, principalmente la opinión de Dios. Las miramos de lejos, un tanto incongruentes con nuestra forma de pensar o de creer.

La fuerza de voluntad, muy válida por cierto, dura  poco, mientras todo vaya viento en popa,  pero en la crisis se queda debilitada, con urgente necesidad de ser reemplazada por su inacción.

Muchas veces el insaciable deseo  de nuestros corazones por alcanzar logros temporales  se convierten en escollos invisibles y visibles  de nuestra egolatría, pasando por derechos y voluntades de los demás.

La auténtica  libertad no puede desligarse de los valores absolutos, las decisiones que  tomemos nos permitirán  conocer si somos realmente libres.

Por ejemplo entre una visita a nuestra madre y enviarle un regalo, tal vez elijamos lo último, porque nos resulta más cómodo. Esta decisión asume un valor nos dirá cuán auténticamente  libres somos.

Entre la elección de un hijo que cayó en las drogas y tu decisión de  no verlo más o acompañarlo con amor hacia una rehabilitación, también  te hablará fuerte de la clase de libertad que te acompaña.

Encuentro dos elementos valiosos para lograr la libertad genuina:

La primera, tener claro que la libertad precisa un sentido o propósito de vida en valores absolutos que tengan trascendencia,  para ello diseñaremos una meta para alcanzarla. No existe una libertad que no tenga propósitos aquí, ahora y para la eternidad.

La segunda será librarnos de las ataduras.

Aquellas que nos impidan obtener el fin propuesto  sean estas internas o externas. Pueden ser vicios o atenuantes,  que aterrizan en  rencores, falta de perdón, amarguras etc. 

Pensamientos y actitudes desviadas de los valores éticos, convirtiéndonos en esclavos de nosotros mismos.

Dios jamás estuvo lejos de  la condición humana, anhela que vivamos en plenitud. Su identidad no es volátil, tampoco es una fuerza es una persona que te conoce y me conoce. Dentro de sus planes temporales y eternos quiere lo mejor para nuestras vidas. Sin embargo, siempre respetará nuestra decisión. Su legado por excelencia es el libre albedrío.

Su amor, redime, limpia, da fuerzas al agotado. Te busca para tener una compañía, una relación de padre a hijo o de amigo. No se trata de encontrar otras religiones, ni nuevos ritos o mandatos imperativos, ellos sobreabundan. Su carácter se mantiene en perfección.

Nos enseña la justicia y la verdad con amor, nos  levanta cuantas veces caigamos. Actúa de acuerdo a su perfecto amor y misericordia.  

Estoy conociéndolo en la Palabra Sagrada,  y  aprendiendo a posponer mis giros ególatras porque quiero trascender en mis propósitos de VIDA.

Estoy aprendiendo que el amor sin libertad no es amor, que la justicia sin misericordia, solo puede ser venganza, que la entrega a mi prójimo sin misericordia y sin empatía no alcanza los parámetros de la auténtica libertad.

Sin duda es un ejercicio de contra cultura al que hay que esforzarse en analizarlas y actuar.

Digo, que es contra cultura, porque me resisto al acomodo del sistema en contra de la comunidad.

Aquí las sentencias de Jesús:

 “Que los primeros serán loa últimos…”

“Que estimemos a los demás como superiores a nosotros mismos…”

“Que entreguemos la otra mejilla…”

“Que amemos a nuestros enemigos…”

Y la sentencia por excelencia: La Verdad os hará libres. (Jn. 8:31)

También me enseña, que si tengo que luchar contra el dolor allí  aprendo fortaleza me prepara para ser resiliente más tarde un triunfador en  los embates  de la vida.

Con Él podremos abrir los canales de lo íntimo y romper  los silencios opresores, puedes recordar a aquellos que te enseñaron que las lágrimas son signos de impotencia, rendimiento, debilidad (los hombres no lloran...) sencillamente carentes a la verdad.

Si decides  llorar no estarás solo, Aquel que hizo con sus manos el mundo, secará tus lágrimas, como lo hizo conmigo, te aseguro que estas realidad  no son retórica, frases hechas o proselitismo.

Dice la PALABRA que Dios amó al mundo de tal manera que envió a su Hijo para que ninguno se pierda y alcance la Vida en plenitud, hoy y por la eternidad. Jn.316.

Como hombre perfecto Cristo vivió las vicisitudes de la vida, sintió el dolor al rechazo, fue traicionado, negado tentado y su victoria  la ganó en la cruz venciendo la muerte y el pecado. Nunca encontrarás su tumba, porque  es la única que está vacía. 

 Él Resucitó. La garantía de los que hemos creído en él es la Resurrección. Su sacrificio no fue barato fue y es impagable.

El hecho de encontrar  respuestas a mis inquietudes, me permite compartirlas contigo.

Si deseas hacer uso de la libertad puedes analizar, confrontar, criticar y enriquecer esta reflexión. Siempre serán bienvenidas.

Autor: E.Ch.

 

 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

 

PARQUE DEL OLIVAR.

                                     

Árboles añejos mudos testigos de juveniles  promesas de amor. 

De los que buscan reconciliarse

De familias imitadoras de tu tronco y ramas

De los que recorrieron sendas a lo largo

de sus experimentadas vidas…

 

Estás comprometida con cercar los juegos de  niños en rutinas dominicales.

Siempre dadivoso regalas

las refrescantes  sombras de tus ramas,

 el apoyo de tu tronco, la alegría de tus frutos.

 

¡Quién como tú! Nunca antes la esperanza estuvo más viva.

Coronaste con tus hojas a los victoriosos campeones de olimpiadas,

a los guerreros que por la paz lucharon desde la antigua Grecia!

 

Como marco generoso de tu presencia atesoramos los colores de verdes sugestivos imágenes de felices  tiempos, mostrando los eslabones irrompibles de nuestras generaciones.

 

Bajo tus sombras tejí mis expectativas de madre estudiante.

Ávida recorría las páginas de  mis tareas universitarias,  mientras era ungida por la alegría de mis tres hijas deleitándose en tus campos, entre risas y juegos de niñas.

 

Permanes intacto como el lugar preferido de  mi nieta, quien afirmó sus pasos en tus calzadas, empecinada en arrebatar el rumbo de “hacer camino al andar”.

 

Junto a mi madre, en el ocaso de su vida,

recorrimos tus cuidadosas sendas, deleitándonos en los armoniosos movimientos

 de los peces rojos de tu laguna, del ropaje blanco de los cisnes, de los esplendidos rosales, adulados al unísono por el cántico de los pájaros…

 

Recogía tus frutos verdes salpicadas  de madurez para depositarlas en las manos ajadas por el tiempo sabio de mamá.

 

Esa imagen dichosa de mi madre adornada con tus hojas   cargados de esperanza,   se posaron en decenas de miradas en el último día de su vida, mientras el énfasis de las palabras de su ultimo hijo nos llenaban de ánimo recordándonos el día feliz del infalible reencuentro.

 

 Bosque del OLIVAR te recordaré siempre como el lugar predilecto, cumplidor de fines para el que fuiste creado:

Amor, alegría, expectativas, reencuentros…

 

Hoy con pasos lentos recorro tus pastos.

 No has cambiado, percibo en ti la dimensión de  la palabra del buen Pastor:

 

 “… en lugares de delicados pastos te hare descansar...  Nada te Faltará.

                             

 

                                 Testimonio personal   

                                           Setiembre, 15, 2020- 

 

 

 

DE LAS SOMBRAS A LA  LUZ.

Reflexiono sobre la historia de este hombre  y me pregunto ¿Es posible contextualizar las situaciones de este personaje con aquellos que viven en tiempos contemporáneos?

Este hombre de pequeña estatura y cuerpo enjuto, aun soñoliento se dirige a la única ventana de la casa. Conoce cada rincón y se moviliza con facilidad como si pudiera verla. Aspira la fragancia del campo envuelta con el fresco aroma de los frutos silvestres. Piensa en voz alta: Tienen razón con llamar a Jericó, “Fragancia”.

Timio, su padre, le recuerda: Bartimeo no olvides la capa al salir.

Con los ojos abiertos o cerrados veo los lugares donde iba a jugar. Los árboles que trataba de trepar. Me preguntaba ¿Que habrá al otro lado de las altas murallas que cercaban la ciudad?

 Contaban sobre el portentoso milagro de Dios, cuando el ejército marchaba en pos de la de la tierra prometida. Solo el sonido de las trompetas y los cantos derribaron los muros, como si fueran castillo de naipes. Así lograron su objetivo.

Continúo mi rutina. Espero encontrar personas dispuestas para cruzar esa calle resbaladiza. Con sus murmuraciones parece que me apoyara en bastones quebradizos. Murmuran: Allí viene el ciego pecador.

Escucho rumores indefinidos. Nadie me  responde. Me levanto  ¡Se de quien se trata! Grito:

¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Al unísono expresan: ¡cállate, no interrumpas!

Jesús ordena que me lleven a su presencia.

Su voz cálida lo define: ¿Qué quieres que haga por ti?  Señor: Quiero recuperar la vista.

Son minutos indescriptibles paras mí.

“Vete tu fe te ha salvado”

 Bartimeo nunca volvió hacer el mismo. La cercanía del Salvador lo abrazó,  su voz firme escudriño su alma, su dolor, sus quejas su pobreza de cuerpo y espíritu, su victimización.

 Cuando Dios habla, mira o toca responde de manera integral. Limpia,  otorga una nueva identidad: Ser hijo de Dios.

¡No más esclavitud! Tiene libertad de elegir. Reitera al decirle: “Vete…”

Bartimeo no recogió la capa, la deja como vestigio de su vida antigua. Tenía nuevas vestiduras: Una vida con propósito.

 La naturaleza humana se personifica en BRTIMEO. El ser humano, en su afán de buscar respuestas para lograr plena satisfacción; tropieza, hierra al elegir erróneamente los caminos. Las aspiraciones sobre dimensionadas, sin equilibrio chocan con la fragilidad y descontrol hasta culminar en un vacío existencial.

Un aspecto central es la  autosuficiencia que lleva consigo la independencia de Dios y sus principios. Maneja sus propios códigos de ética y moral. Entre la ambición  y el hastío, cae en  el hedonismo, vía letal para su vida.

 Esta condición se repite en todos los tiempos y esferas geográficas. Sea un rey o un mendigo o aquel que alcanza  altas jerarquías por conocimiento, estatus políticos,  sociales, en riqueza o en pobreza.

Solo visualicemos los titulares de los diarios, para conocer ese abandono de vida:

“Muere por exceso de heroína. Se suicida al sentirse engañado. Por venganza mata a un hombre”.

 La imagen de Dios empañada por el pecado, es inexistente en el corazón,  del hombre. Necesita ser recuperada y  ocupar el centro de su vida.

 Es imperativo  establecer una relación genuina con Dios a través de Cristo. Acercarse en humildad y arrepentimiento genuino para lograr un sentido de vida aquí y en la eternidad.

“Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos”

 

 

 

                         CAMINO A CASA


Voy sin rumbo por el oscuro, polvoriento, fangoso sendero 

con mis zapatos mojados por el charco de mi ruta.

No entiendo mucho como llevo estos andrajos

 

Me parezco al niño quieto, en la esquina de la plaza

Estiro mi mano esperando el pan de cada día

No llega, tarda mucho…

Mi mirada va de izquierda a derecha como

un juego de pimpón  para perderse en el horizonte

allí donde el sol sin molestias duerme.


¿Estaré cerca o lejos de casa? esa polvareda

irrumpe mi visión, levantándose cual barrera

de desconcierto, caos, turbación.


 Nadie me detendrá la buscare y la hallaré

Entonces…

Abrazaré a mamá a papá.

 

Percibo que no estoy solo, alguien me acompaña

¿Eres tú Señor el de la historia de mamá?

Ella me decía que tu amas a los niños

Que son tu especial tesoro

Te pregunto Señor

¿Caerán al fondo del mar aquellos que

arrojaron esa granada a mi casa?

 

Llévame  en tus brazos señor quiero quedarme  

cerca de tu corazón

 

Quiero ir contigo a casa.

 

 

martes, 29 de septiembre de 2020

 

 ESPERANZA EN EL DOLOR.

¿Resististe, alguna vez  días tenebrosos?

Se activan las ondas sonoras, plataformas  televisivas,  el ciberespacio en  simultaneo anuncian la tragedia que se desata en el mundo. No son avisos premonitorios es una realidad. Millares de personas  mueren abatidas  por el Coronavirus. Covid 19. Enfermedad letal del Siglo XXI,  que se gesta es Wuham, China.

 Crece de manera exponencial, sin misericordia, invisible, dispara sus misiles hasta alcanzar  su objetivo de extinción.

Su vigor, desnuda los estados del alma. Encarcela libertades, distancia expresiones físicas en la familia, arranca espacios sociales…  Quedamos a expensas del contagio. No se advierte cura alguna. Su poder nos subordina. Somos  sus   cautivos.

 Sin embargo, su dominio es limitado  es un vasallo sujeto a una autoridad Suprema, Soberana, es el Único que  determina los tiempos de estreno y cierra el telón de la existencia. Dios.

 Desde Madrid escucho la voz de mi hermano menor: “El coronavirus me visitó.”

 Con mis abriles a cuestas, seguidora del Dios vivo, aflora  mi reclamo: Suplico. Lloro. Inquiero. Se inflama la Palabra viva, en mi ser.  Dios responde, pero solo escucho  la mía.

 Quiero entenderte Señor.  ¿No lo llevarás? Es tu siervo, te ama, es un dador feliz, su pasión es predicar tu evangelio…”

 En Mayo, del 2020,  recibo la noticia. “Tu  hermano partió a la presencia del Señor”

 La querella se pausó, la oración se hizo perdurable. El silencio marcó límites. La fortaleza de mi esperanza pretendía desmoronarse. Sin embargo,  empieza la tarea de restitución. La Palabra, penetra en lo más íntimo de mí ser en un proceso lento, reiterado, silencioso   . Reflexiono:

¿Qué itinerario ha tomado mi esperanza? ¿Es solo, los expectativa sin turbulencias, para obtener resultados aquí y ahora?  Escucho:

Mi esperanza, es mi carácter. Un día la derrame en  tu corazón. Es aquella que no se desvanece ni es ilusoria. Es eterna. Mis promesas que hoy disfrutas son las mismas del futuro hasta la eternidad…”

La tarea delegada a tu hermano fue cumplida. Ha peleado la buena batalla. Ha entrado en la plenitud de mi gozo.”

 Mi fe se fortalece. Admito, que la oración y la Palabra son el oxígeno para el alma. Ellas fueron y son mi tabla de restauración.

Cuando la tristeza me visita recuerdo lo mejor de mi hermano. Mi mirada se posa en el cielo y,  la Esperanza eterna me abraza. Repito con libertad: La voluntad de Dios es buena, agradable, perfecta.

Hoy sintonizo, interactúo, oro  por los que sufren pérdidas. Aprendí que, el fruto de la compasión, es consolar, como he sido consolada.

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Romanos 5.5 

 

 

 EXTENCIÓN DE AGAPE HACIA UN NUEVO PERFIL DE INCLUSIÓN DE SERVICIO A NIÑAS.

El perfil de atención de la población infantil, que ÁGAPE, decidió al comenzar su ministerio, fue rescatar de la cultura callejera, a niños, mal llamados “niños de la calle y pirañitas”.
  Por la condición especial, que presentaban estos niños, no decidimos por una coeducación de ambos géneros. Sin embargo, luego de más de ocho años de servir a los varoncitos y por una situación, que ya estaban en los planes de Dios, Ágape comienza una nueva etapa de vida y servicio de inclusión con niñas.

 Corría el año 1998, y por circunstancias situaciones que  se presentan, sin proponernos llega una visita inesperada a la Casa Hogar, alertándonos de nuevos casos de urgente necesidad de atención. Se trataba de niñas huérfanas de padre y madre, cuyas edades fluctuaban entre los siete y doce años. Ellas vivían cerca del distrito de Chosica a hora y media de Lima. Nuestra informante, era consciente que nosotros, tal vez podríamos ayudarlas con ofrendas esporádicas de alimentación, mas no con atención y estancia permanente, en la Casa Hogar, como lo hacíamos con los niños, que vivían con nosotros.

Los tres hermanos mayores les llevaban algunos años de diferencia. Rodolfo vivía con ellas, pero aun no había salido de la Secundaria, Haydee, era casada y tenia una casa humilde en otro lugar. Yoni, quien asumió las veces de padre tempranamente, vivía en Lima; su trabajo, le exigía atención permanente y debía quedarse, inclusive, a dormir en ese lugar. Al recibir la noticia de estos nuevos casos, pensé que debía visitarlos, teniendo en mente dejarles las ofrendas de amor, para aliviar esta situación de emergencia. Me dije a mi misma, "se trata de niñas y nuestro perfil de servicio, es con varoncitos" Pero, de todas maneras, me propuse conocerlos. Es así como un día cercano a la noticia recibida, salí a investigar.  contratamos un auto y  junto al chofer d nos dirigimos al lugar de los hechos.

Quedé impactada, por el lugar inhóspito, aislado y lejana  donde ellas vivían. Una zona
geográfica dividida, en dos partes: Parca alta y Parca baja, a cuarenta minutos del distrito de Chosica,. Sin embargo, los contrastes eran abismales con el distrito nombrado. Su extrema pobreza y sus enormes dificultades para llegar, especialmente, a la zona alta, donde se vislumbraba las chozas  aisladas, y carentes de todo servicio,con predominio de pequeñas parcelas  agrícolas.

Pensé en los nombres que habían recibido “PARCA” sinónimo de (muerte). Tal vez no se equivocaron al darle tan penosa identidad, porque apostaron por la muerte y no por la vida. O quizás porque cada día se vivía muriendo "Mas que un poco"
Dejamos el carro estacionado en la carretera, el generoso chofer cargó con los alimentos y empezamos la caminata cuesta arriba hacia Parca alta. El angosto camino era pedregoso, resbaladizo, estrecho. Sorteamos algunos obstáculos, tales como los terrenos de sembríos cercados con alambres de púas y palos atravesados, para protegerse de los posibles invasores.

 Avanzábamos por el silencioso camino, que solo era interrumpida por el ladrido de los perros
guardianes. De vez en cuando mirábamos el carro, desde la altura, siempre apacible e inamovible en su espera.
 No sabría decir, exactamente, cuanto caminamos. Había mucha emoción y poco cansancio. Que lejos estaba de percibir los propósitos del Señor, al enterarme en vivo y en directo de una realidad lacerante.
A la vista divisamos, una chocita muy pequeña, que tenia múltiples usos, cocina, dormitorio, comedor etc. Y unas niñas asustadizas, pero valientes al mismo tiempo, asumiendo una realidad, sin amilanarse. Las hermanitas, diariamente tenían que caminar, cuesta abajo para estudiar. Estaban formando su carácter para los desafíos futuros. Aprendiendo que lo bueno, como el estudio, siempre tiene un costo alto, que redundaría para bien. A esta familia las unió el amor entre ellos, la disciplina en el estudio, hasta llegar a cumplir propósitos interesantes en sus vidas.
 Ellas entendieron, después, que el Señor, ama a los huérfanos de manera única. Nosotros solo les
proporcionaron las condiciones humanas y espirituales con dignidad y a reconocer que Dios siempre
 estuvo con ellas.

 La esencia del relato, es interesante porque fue contada por el hermano mayor de estas niñas. En Agosto de 2012, tuvimos el primer reencuentro en la Casa ÁGAPE con un grupo de ex-Agapinos, después de catorce años, de no habernos visto. Luego de la intervención individual de cada joven, que colmo las expectativas con emoción, Yoni; el hermano mayor, quiso expresar su gratitud. El dijo:

“Nuestra vida fue difícil, luego de perder a nuestros padres, lo único que teníamos era un solo cuarto, donde mis hermanos vivían, dormían y cocinaban. Ellas caminaban más de una hora y media para ir diariamente a la escuela. En esas circunstancias nos visitó la hermana Elsa. Ella al conocer nuestra necesidad, hizo una propuesta diciéndonos: "Las niñas no pueden vivir aquí, lo que les depara el futuro inmediato es no solo ser asaltadas al regreso de la escuela, sino verse atrapadas en matrimonios prematuros buscando, equivocadamente, “mejorar” su situación.
 La casa hogar Ágape les espera”. Continuo relatando. Nos dejó con esa inquietud,  a la espera de una pronta respuesta. Cuando les compartimos a nuestros tíos sobre el ofrecimiento se produjo cierta oposición porque  se trataba de intereses particulares. Los tíos tenían un terreno y ellas eran las encargadas de cuidarlo 
Avanzó con su testimonio lleno de gratitud, expresando que tuvo la decisión  de aceptar la propuesta. 

 “Muy pronto estuve llevándolas a la Casa hogar AGAPE.  Emocionado repitió, ”Que hubiese sido de ellas, si las dejaba en ese lugar. Hoy las tres son profesionales, las tres estudiaron en la Universidad y en un Instituto de cosmetología. Maryluz estudio Informática, hoy tiene su negocio implementado de varias computadoras. Edyluz, estudio cosmetología, hoy tiene su salón de belleza y Giovana estudio farmacia, trabaja, actualmente, en una farmacia”. 

 Este testimonio confirma, que no estuvimos equivocados en seguir la dirección del Señor, quedaron atrás las decisiones pre-concebidas. Nuestra fe cristiana superó en victoria, los temores de empezar algo nuevo, el tiempo lo han confirmado. Doy gracias a Dios, y animo a los que todavía lo piensan mucho, que nunca se pierde cuando un ministerio se inicia y se continua en su proceso, puestos los ojos en JESỦS.

 Elsa Chigne C.

 CATORCE AÑOS DESPUÉS EN LA CASA- HOGAR AGAPE HOY CON 20 AÑOS DE VIDA INSTITUCIONAL.