Un alto en
el camino.
¡Libertad!
La genuina libertad sale a la luz. Resplandece.
Es una constante que las encrucijadas de la vida tratan de sofocarnos creando en nosotros un ambiente de opresión y
desajuste. Buscamos salidas pretendiendo
evadir ese estado del que casi siempre
somos protagonistas.
Cuando la crisis surge se disimula, se justifica, se trata de hallar culpables. Con facilidad
trasladamos a las personas o a la vida
nuestras incomprensiones o fracasos.
La dignidad como esencia de vida esta muchas veces fraccionada,
difusa, porque evadimos compromisos. Si decidimos evaluarnos diseñamos nuestros propios
hitos exceptuando otras opiniones, principalmente la opinión de Dios. Las
miramos de lejos, un tanto incongruentes con nuestra forma de pensar o de creer.
La fuerza de voluntad, muy válida por cierto, dura poco, mientras todo vaya viento en popa, pero en la crisis se queda debilitada, con
urgente necesidad de ser reemplazada por su inacción.
Muchas veces el insaciable deseo de nuestros corazones por alcanzar logros temporales
se convierten en escollos invisibles y
visibles de nuestra egolatría, pasando
por derechos y voluntades de los demás.
La auténtica libertad no
puede desligarse de los valores absolutos, las decisiones que tomemos nos permitirán conocer si somos realmente libres.
Por ejemplo entre una visita a nuestra madre y enviarle un
regalo, tal vez elijamos lo último, porque nos resulta más cómodo. Esta decisión
asume un valor nos dirá cuán auténticamente libres somos.
Entre la elección de un hijo que cayó en las drogas y tu
decisión de no verlo más o acompañarlo
con amor hacia una rehabilitación, también te hablará fuerte de la clase de libertad que
te acompaña.
Encuentro dos elementos valiosos para lograr la libertad
genuina:
La primera, tener claro que la libertad precisa un sentido o propósito de vida en valores absolutos
que tengan trascendencia, para ello
diseñaremos una meta para alcanzarla. No existe una libertad que no tenga propósitos
aquí, ahora y para la eternidad.
La segunda será librarnos de las ataduras.
Aquellas que nos impidan obtener el fin propuesto sean estas internas o externas. Pueden ser vicios o atenuantes, que aterrizan en rencores, falta de perdón, amarguras etc.
Pensamientos y actitudes desviadas de los valores éticos, convirtiéndonos en esclavos de nosotros mismos.
Dios jamás estuvo lejos de la condición humana, anhela que vivamos en
plenitud. Su identidad no es volátil, tampoco es una fuerza es una persona que te conoce y
me conoce. Dentro de sus planes temporales y eternos quiere lo mejor para
nuestras vidas. Sin embargo, siempre respetará nuestra decisión. Su legado por
excelencia es el libre albedrío.
Su amor, redime, limpia, da fuerzas al agotado. Te busca para
tener una compañía, una relación de padre a hijo o de amigo. No se trata de
encontrar otras religiones, ni nuevos ritos o mandatos imperativos, ellos
sobreabundan. Su carácter se mantiene en perfección.
Nos enseña la justicia y la verdad con amor, nos levanta cuantas veces caigamos. Actúa de
acuerdo a su perfecto amor y misericordia.
Estoy conociéndolo en la Palabra Sagrada, y aprendiendo a posponer mis giros ególatras
porque quiero trascender en mis propósitos de VIDA.
Estoy aprendiendo que el amor sin libertad no es amor, que la
justicia sin misericordia, solo puede ser venganza, que la entrega a mi prójimo
sin misericordia y sin empatía no alcanza los parámetros de la auténtica libertad.
Sin duda es un ejercicio de contra cultura al que hay que
esforzarse en analizarlas y actuar.
Digo, que es contra cultura, porque me resisto al
acomodo del sistema en contra de la comunidad.
Aquí las sentencias de Jesús:
“Que los primeros
serán loa últimos…”
“Que estimemos a los demás como superiores a nosotros mismos…”
“Que entreguemos la otra mejilla…”
“Que amemos a nuestros enemigos…”
Y la sentencia por excelencia: La Verdad os hará libres.
(Jn. 8:31)
También me enseña, que si tengo que luchar contra el dolor
allí aprendo fortaleza me prepara para
ser resiliente más tarde un triunfador en los embates de la vida.
Con Él podremos abrir los canales de lo íntimo y romper los silencios opresores, puedes recordar a aquellos
que te enseñaron que las lágrimas son signos de impotencia, rendimiento, debilidad (los hombres no lloran...) sencillamente carentes a la verdad.
Si decides llorar no estarás
solo, Aquel que hizo con sus manos el mundo, secará tus lágrimas, como lo hizo conmigo, te aseguro que estas
realidad no son retórica, frases hechas o
proselitismo.
Dice la
PALABRA que Dios amó al mundo de tal manera que envió a su Hijo para que
ninguno se pierda y alcance la Vida en plenitud, hoy y por la eternidad. Jn.316.
Como hombre perfecto Cristo vivió las vicisitudes de la vida, sintió el dolor al rechazo, fue traicionado, negado tentado y su victoria la ganó en la cruz venciendo la muerte y el pecado. Nunca encontrarás su tumba, porque es la única que está vacía.
Él Resucitó. La garantía de los que hemos creído
en él es la Resurrección. Su sacrificio no fue barato fue y es impagable.
El hecho de encontrar respuestas a mis inquietudes, me permite compartirlas contigo.
Si deseas hacer uso de la libertad puedes analizar, confrontar, criticar y
enriquecer esta reflexión. Siempre serán bienvenidas.
Autor: E.Ch.