miércoles, 30 de septiembre de 2020

 

DE LAS SOMBRAS A LA  LUZ.

Reflexiono sobre la historia de este hombre  y me pregunto ¿Es posible contextualizar las situaciones de este personaje con aquellos que viven en tiempos contemporáneos?

Este hombre de pequeña estatura y cuerpo enjuto, aun soñoliento se dirige a la única ventana de la casa. Conoce cada rincón y se moviliza con facilidad como si pudiera verla. Aspira la fragancia del campo envuelta con el fresco aroma de los frutos silvestres. Piensa en voz alta: Tienen razón con llamar a Jericó, “Fragancia”.

Timio, su padre, le recuerda: Bartimeo no olvides la capa al salir.

Con los ojos abiertos o cerrados veo los lugares donde iba a jugar. Los árboles que trataba de trepar. Me preguntaba ¿Que habrá al otro lado de las altas murallas que cercaban la ciudad?

 Contaban sobre el portentoso milagro de Dios, cuando el ejército marchaba en pos de la de la tierra prometida. Solo el sonido de las trompetas y los cantos derribaron los muros, como si fueran castillo de naipes. Así lograron su objetivo.

Continúo mi rutina. Espero encontrar personas dispuestas para cruzar esa calle resbaladiza. Con sus murmuraciones parece que me apoyara en bastones quebradizos. Murmuran: Allí viene el ciego pecador.

Escucho rumores indefinidos. Nadie me  responde. Me levanto  ¡Se de quien se trata! Grito:

¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Al unísono expresan: ¡cállate, no interrumpas!

Jesús ordena que me lleven a su presencia.

Su voz cálida lo define: ¿Qué quieres que haga por ti?  Señor: Quiero recuperar la vista.

Son minutos indescriptibles paras mí.

“Vete tu fe te ha salvado”

 Bartimeo nunca volvió hacer el mismo. La cercanía del Salvador lo abrazó,  su voz firme escudriño su alma, su dolor, sus quejas su pobreza de cuerpo y espíritu, su victimización.

 Cuando Dios habla, mira o toca responde de manera integral. Limpia,  otorga una nueva identidad: Ser hijo de Dios.

¡No más esclavitud! Tiene libertad de elegir. Reitera al decirle: “Vete…”

Bartimeo no recogió la capa, la deja como vestigio de su vida antigua. Tenía nuevas vestiduras: Una vida con propósito.

 La naturaleza humana se personifica en BRTIMEO. El ser humano, en su afán de buscar respuestas para lograr plena satisfacción; tropieza, hierra al elegir erróneamente los caminos. Las aspiraciones sobre dimensionadas, sin equilibrio chocan con la fragilidad y descontrol hasta culminar en un vacío existencial.

Un aspecto central es la  autosuficiencia que lleva consigo la independencia de Dios y sus principios. Maneja sus propios códigos de ética y moral. Entre la ambición  y el hastío, cae en  el hedonismo, vía letal para su vida.

 Esta condición se repite en todos los tiempos y esferas geográficas. Sea un rey o un mendigo o aquel que alcanza  altas jerarquías por conocimiento, estatus políticos,  sociales, en riqueza o en pobreza.

Solo visualicemos los titulares de los diarios, para conocer ese abandono de vida:

“Muere por exceso de heroína. Se suicida al sentirse engañado. Por venganza mata a un hombre”.

 La imagen de Dios empañada por el pecado, es inexistente en el corazón,  del hombre. Necesita ser recuperada y  ocupar el centro de su vida.

 Es imperativo  establecer una relación genuina con Dios a través de Cristo. Acercarse en humildad y arrepentimiento genuino para lograr un sentido de vida aquí y en la eternidad.

“Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos”

 

 

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