ESPERANZA EN EL DOLOR.
¿Resististe, alguna vez días tenebrosos?
Se activan las ondas sonoras, plataformas televisivas,
el ciberespacio en simultaneo
anuncian la tragedia que se desata en el mundo. No son avisos premonitorios es
una realidad. Millares de personas mueren
abatidas por el Coronavirus. Covid 19. Enfermedad
letal del Siglo XXI, que se gesta es
Wuham, China.
Su vigor, desnuda los estados del alma. Encarcela libertades, distancia expresiones físicas en la familia, arranca espacios sociales… Quedamos a expensas del contagio. No se
advierte cura alguna. Su poder nos subordina. Somos sus cautivos.
Desde Madrid escucho la voz de mi hermano menor: “El coronavirus me visitó.”
Con mis abriles a
cuestas, seguidora del Dios vivo, aflora mi reclamo: Suplico. Lloro. Inquiero. Se
inflama la Palabra viva, en mi ser. Dios
responde, pero solo escucho la mía.
Quiero entenderte Señor.
¿No lo llevarás? Es tu siervo, te ama,
es un dador feliz, su pasión es predicar tu evangelio…”
¿Qué itinerario ha tomado mi esperanza? ¿Es solo, los expectativa
sin turbulencias, para obtener resultados aquí y ahora? Escucho:
“Mi esperanza, es mi carácter. Un día la derrame en tu corazón. Es aquella que no se desvanece ni es
ilusoria. Es eterna. Mis promesas que hoy disfrutas son las mismas del futuro hasta la eternidad…”
“La tarea delegada a tu hermano fue cumplida. Ha peleado la buena batalla.
Ha entrado en la plenitud de mi gozo.”
Cuando la tristeza me visita recuerdo lo mejor de mi hermano.
Mi mirada se posa en el cielo y, la
Esperanza eterna me abraza. Repito con libertad: La voluntad de Dios es buena,
agradable, perfecta.
Hoy sintonizo, interactúo, oro por los que sufren pérdidas. Aprendí que, el
fruto de la compasión, es consolar,
como he sido consolada.
___________
Romanos 5.5
No hay comentarios:
Publicar un comentario