sábado, 31 de octubre de 2020

 

 

Un alto en el camino.

 

                          ¡Libertad!

La genuina libertad sale a la  luz. Resplandece.

Es una constante que las encrucijadas de la  vida tratan de sofocarnos  creando en nosotros un ambiente de opresión y desajuste. Buscamos salidas  pretendiendo evadir  ese estado del que casi siempre somos protagonistas.

Cuando la crisis surge se disimula, se justifica, se  trata de hallar culpables. Con facilidad trasladamos a las personas o a la  vida nuestras incomprensiones o fracasos.  

La dignidad como esencia de vida esta muchas veces   fraccionada, difusa, porque evadimos compromisos. Si decidimos evaluarnos diseñamos nuestros propios hitos exceptuando otras opiniones, principalmente la opinión de Dios. Las miramos de lejos, un tanto incongruentes con nuestra forma de pensar o de creer.

La fuerza de voluntad, muy válida por cierto, dura  poco, mientras todo vaya viento en popa,  pero en la crisis se queda debilitada, con urgente necesidad de ser reemplazada por su inacción.

Muchas veces el insaciable deseo  de nuestros corazones por alcanzar logros temporales  se convierten en escollos invisibles y visibles  de nuestra egolatría, pasando por derechos y voluntades de los demás.

La auténtica  libertad no puede desligarse de los valores absolutos, las decisiones que  tomemos nos permitirán  conocer si somos realmente libres.

Por ejemplo entre una visita a nuestra madre y enviarle un regalo, tal vez elijamos lo último, porque nos resulta más cómodo. Esta decisión asume un valor nos dirá cuán auténticamente  libres somos.

Entre la elección de un hijo que cayó en las drogas y tu decisión de  no verlo más o acompañarlo con amor hacia una rehabilitación, también  te hablará fuerte de la clase de libertad que te acompaña.

Encuentro dos elementos valiosos para lograr la libertad genuina:

La primera, tener claro que la libertad precisa un sentido o propósito de vida en valores absolutos que tengan trascendencia,  para ello diseñaremos una meta para alcanzarla. No existe una libertad que no tenga propósitos aquí, ahora y para la eternidad.

La segunda será librarnos de las ataduras.

Aquellas que nos impidan obtener el fin propuesto  sean estas internas o externas. Pueden ser vicios o atenuantes,  que aterrizan en  rencores, falta de perdón, amarguras etc. 

Pensamientos y actitudes desviadas de los valores éticos, convirtiéndonos en esclavos de nosotros mismos.

Dios jamás estuvo lejos de  la condición humana, anhela que vivamos en plenitud. Su identidad no es volátil, tampoco es una fuerza es una persona que te conoce y me conoce. Dentro de sus planes temporales y eternos quiere lo mejor para nuestras vidas. Sin embargo, siempre respetará nuestra decisión. Su legado por excelencia es el libre albedrío.

Su amor, redime, limpia, da fuerzas al agotado. Te busca para tener una compañía, una relación de padre a hijo o de amigo. No se trata de encontrar otras religiones, ni nuevos ritos o mandatos imperativos, ellos sobreabundan. Su carácter se mantiene en perfección.

Nos enseña la justicia y la verdad con amor, nos  levanta cuantas veces caigamos. Actúa de acuerdo a su perfecto amor y misericordia.  

Estoy conociéndolo en la Palabra Sagrada,  y  aprendiendo a posponer mis giros ególatras porque quiero trascender en mis propósitos de VIDA.

Estoy aprendiendo que el amor sin libertad no es amor, que la justicia sin misericordia, solo puede ser venganza, que la entrega a mi prójimo sin misericordia y sin empatía no alcanza los parámetros de la auténtica libertad.

Sin duda es un ejercicio de contra cultura al que hay que esforzarse en analizarlas y actuar.

Digo, que es contra cultura, porque me resisto al acomodo del sistema en contra de la comunidad.

Aquí las sentencias de Jesús:

 “Que los primeros serán loa últimos…”

“Que estimemos a los demás como superiores a nosotros mismos…”

“Que entreguemos la otra mejilla…”

“Que amemos a nuestros enemigos…”

Y la sentencia por excelencia: La Verdad os hará libres. (Jn. 8:31)

También me enseña, que si tengo que luchar contra el dolor allí  aprendo fortaleza me prepara para ser resiliente más tarde un triunfador en  los embates  de la vida.

Con Él podremos abrir los canales de lo íntimo y romper  los silencios opresores, puedes recordar a aquellos que te enseñaron que las lágrimas son signos de impotencia, rendimiento, debilidad (los hombres no lloran...) sencillamente carentes a la verdad.

Si decides  llorar no estarás solo, Aquel que hizo con sus manos el mundo, secará tus lágrimas, como lo hizo conmigo, te aseguro que estas realidad  no son retórica, frases hechas o proselitismo.

Dice la PALABRA que Dios amó al mundo de tal manera que envió a su Hijo para que ninguno se pierda y alcance la Vida en plenitud, hoy y por la eternidad. Jn.316.

Como hombre perfecto Cristo vivió las vicisitudes de la vida, sintió el dolor al rechazo, fue traicionado, negado tentado y su victoria  la ganó en la cruz venciendo la muerte y el pecado. Nunca encontrarás su tumba, porque  es la única que está vacía. 

 Él Resucitó. La garantía de los que hemos creído en él es la Resurrección. Su sacrificio no fue barato fue y es impagable.

El hecho de encontrar  respuestas a mis inquietudes, me permite compartirlas contigo.

Si deseas hacer uso de la libertad puedes analizar, confrontar, criticar y enriquecer esta reflexión. Siempre serán bienvenidas.

Autor: E.Ch.

 

 

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