miércoles, 9 de septiembre de 2009

REFLEXION: EL QUE CAMINA EN JUSTICIA...








"El que camina en justicia y habla lo recto, el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala. Éste habitara en las alturas, fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan y sus aguas serán seguras" Isaías 33: 15’16.

Convocadas por el llamado a servir, cierta noche, junto a mi compañera, salimos a un parque muy importante de mi ciudad. Buscábamos a los niños marginados, mal llamados, niños de la calle. Anhelábamos rescatarlos de la cultura callejera en que vivían. Nuestra expectativa era, conducirlos a retomar la vida de hogar, luego de un trabajo especializado con ellos. De tal manera, que lograran los derechos, que como niños les correspondía: Jugar, saciar su hambre, estudiar, tener una persona significativa como soporte emocional en sus vidas.

Su presente, era el resultado de la violencia de una sociedad injusta, a la que se añadía la extrema pobreza y la presión política del terrorismo de esa época.




A los pocos momentos de este encuentro y después de despedirnos, nos llamó la atención, los gritos y exclamaciones. Eran ellos, quienes se sentían impotentes al tratar de zafarse de los robustos brazos de los policías quienes trataban de llevarlos a la cárcel de menores, con golpes y jaloneos, como si fueran delincuentes. Sin mayores pruebas los habían etiquetado de ladrones. “Justos iban a pagar por pecadores”
Fue entonces que, como defensoras de los niños en situación de riesgo, proferimos una enérgica protesta, para detener esta acción injusta. La defensa ardorosa, dio resultados, los dejaron libres. Fue nuestro rol de estreno y una de nuestras primeras victorias significativas.

La Injusticia es el abuso del poder, es toda forma de violencia, que quita la libertad y la dignidad intrínseca de las personas. Sus víctimas se ven reflejadas en la población mas vulnerable de la sociedad: La niñez sufriente, el campesino desposeído, el anciano postergado, educandos y universitarios sin convicciones, arrastrados por la fuerza del grupo.




¿Fueron acaso, los padres, maestros, lideres, profesionales a quienes les faltó entender que la responsabilidad toca además del alma y el cuerpo, también el espíritu y cuya esencia es la VERDAD, la única que nos hace libres?



Unos de los atributos de Dios, que me conmueve, es su corazón compasivo:" misericordia quiero y no sacrificios" Como hijos suyos quiere que nos vistamos de ese amor comprometido y defensores de justicia. Estos atributos, no son producto de programas, se encuentra en lo profundo del corazón, como consecuencia de haber alcanzado la paz con Dios a través de la acción liberadora de Cristo.

Sin misericordia es imposible la acción transformadora, del hombre, sólo ella tiene los alcances que pueden tocar las fibras mas íntimas del alma; permite que el duelo se convierta en promesa y esperanza, es capaz de extender el abrazo perdonador, nos enseña que la felicidad no es individualista sino colectiva, alcanza a los demás. Soren Kierkegaard, dijo: "La puerta de la felicidad se abre hacia afuera... a otros"

Una pregunta clave que necesita una respuesta inmediata es esta: ¿si no intervengo ahora, que podría pasarle a él o a ella? Es una pregunta que me compromete. Si digo amar a mi prójimo, habré entendido que el caminar en justicia no sólo es un sentimiento introspectivo, sino debe tener evidencias que lleven a la acción. Es la interiorización de buscar, que la causa del que sufre sea también mía, porque el imperativo de Dios, lo demanda: "Defended al débil y al huérfano. Haced justicia al afligido, al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado, de mano de los malvados" Salmo 82: 3,4.



Si aceptamos los desafíos que implican caminar en justicia, el Señor nos asegura acompañarnos con los recursos de sus gracia. Nos dice en su Palabra, que "fortaleza de rocas será nuestro lugar de refugio, se nos dará el pan y las aguas serán seguras"
Podemos ser instrumentos de Dios en Justicia. Hoy, nos necesita la sociedad que alcanza los niveles más grandes de violencia e injusticia.

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