
NINGUNO DE VOSOTROS PIENSE MAL EN SU CORAZON CONTRA SU PRÓJIMO (Zacarías 8:17)
En tiempos electorales, se experimentan batallas campales, entre uno y otro candidato postulantes a lograr el poder presidencial. Esta situación se visualiza entre los que están alcanzando los primeros lugares. Lamentablemente, la lucha no es a nivel de ideas, postulados o propuestas alternativas, que el país requiere para alcanzar los cambios que necesita.
Por el contrario, las estrategias de la llamada ¨ guerra sucia ¨ se acrecientan, el buen nombre y la honra se pisotean abiertamente; la mentira y la calumnia se presentan con un afán desmedido por ser el primero; las infidencias y deslealtades, se guardan, celosamente, bajo la manga para sacarlas en los últimos debates y de mayor climax político.
Para los que buscan sentarse en el sillón presidencial, es más productivo poner en evidencia, las debilidades del adversario, sus transgresiones, o sus pasiones ocultas, sean estas comprobados o no, con la finalidad de dejarlos fuera de combate. Bajo estos indicadores van creciendo o disminuyendo la mayor intención de voto.
Como consecuencia final de ese proceso, la corrupción alcanza los niveles más altos, más refinados y sutilmente destructivos de toda forma de ética y moral. Este flagelo se reproduce en lugares, aparentemente señoriales y palaciegos. Allí, se levantan los diques impenetrables de toda forma de verdad y justicia.
Tal como la araña teje sus redes hasta alcanzar su presa y destruirla; así la decadencia moral y espiritual deja a las generaciones sin progreso, postergando sus esperanzas y alejándolas cada vez más, del nivel de desarrollo y calidad de vida.
Toda forma de violencia es producto de la naturaleza caída del ser humano. No es coherente pensar que de un alma llena de egoísmo, tenga como fruto la paz conciliadora; de un corazón lleno de amargura y resentimiento, esté listo a dar amor y respeto; de un alma sedienta de poder pueda pensar en el bien de otros. Jesús dijo:
No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Lucas 7:43
Para entender la ambivalencia social que produce desasosiego, y confusión, distorsionando los valores éticos, cívicos y sociales, tenemos que hacer una confrontación interna e imperativa de las áreas que están afectando la personalidad humana. Son los jóvenes quienes reciben, en grandes dosis, esta pedagogía carente de la verdad y de sensibilidad social.
Poner énfasis en el intelecto, para buscar soluciones posibles, resulta insuficiente y limitada, por ser puramente humanista, si éstas, además, interactúan, con la carga emocional egoísta, que busca colocar los intereses personales en primer lugar; se producirá el natural desvío de la voluntad, hacia lo incorrecto, porque no se ajusta al parámetro de lo bueno y lo equilibrado, requisito indispensable para actuar a favor de los demás.
Si queremos ser honestos, debemos empezar a aceptar que el área espiritual rezagada y no tomada en cuenta como persona integral poco podemos esperar.
Necesitamos retornar al libro de instrucciones que es la Biblia, porque es allí donde aprendo los valores que el Creador a dejado para no equivocarme.
En una comunicación íntima y personal entenderé que existen criterios más sabios que los míos, porque vienen de una inteligencia perfecta, interesada en nuestro propio bien, no lejana de mi realidad circundante, susceptible a interactuar y enriquecer mis ideas, mis actitudes y mis acciones.
En este acercamiento comprenderé, que toda forma de mal se encuentra en el corazón humano; Dice la Biblia en Mr: 7: 21 que de dentro del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias , las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia la maledicencia, la soberbia. De allí, que toda propuesta bien intencionada, se quedará en el tintero como doctrina, norma, o leyes que pretenden un cambio en el sistema y su pretendido éxito será una utopía.
Hay una sentencia que viene de Dios: NINGUNO DE VOSOTROS PIENSE MAL EN SU CORAZON CONTRA SU PRÓJIMO. Es interesante el énfasis que se pone en el pensamiento, Sólo el pensar mal del prójimo nos descalifica para buscar el poder. La batalla comienza en la mente y como alguien lo señalara refiriéndose a los pensamientos, estos se convertirán en palabras, y las palabras, en hechos, los hechos en hábitos; los hábitos forman el carácter, y el carácter se convertirá en destino propio y el destino de otras personas a quienes pretendamos liderar.
Dios, amó de tal modo al hombre que entregó a su Hijo Jesucristo, para que alcancemos el más grande de los éxitos. Sólo en El, podemos alcanzar la verdad que nos hará libres de nuestra propia esclavitud, traicionera y codiciosa. Sólo en El, es posible volver a amar a las personas con sinceridad y transparencia y adquirir el compromiso para servirles. La fe en Cristo hace posible que no claudiquemos, ante ambiciones obsesionantes y peligrosas de la vida.
La Biblia dice que no hay ninguna persona justa, o buena, bajo el criterio de Dios, (Romanos 3: 23). Por lo tanto; necesitamos una gran dosis de humildad para reconocer que hemos transgredido sus leyes. Allí comienza el principio de reconciliación que se habla tanto en estos tiempos. Primero reconciliación con Dios y luego con el hombre, a través del perdón.
Amigos: Los discursos más estructurados ni la oratoria más dilecta, no puede cambiar lo destructivo en constructivo. Para enderezar los caminos torcidos o detener los pensamientos denigrantes contra el adversario; necesitamos que el corazón, como fuente de vida, sea transformado. Y esa es la gran tarea, que sólo le corresponde a Dios.
La confianza y fe en Dios, necesitamos depositarla con autenticidad, en su persona, es una actitud de entrega y humildad, de reconocimiento a su Suficiencia y Poder. Entonces, estaremos listos para iniciar un camino nuevo en la vida y extenderla a favor de los, que conformamos el país.
En tiempos electorales, se experimentan batallas campales, entre uno y otro candidato postulantes a lograr el poder presidencial. Esta situación se visualiza entre los que están alcanzando los primeros lugares. Lamentablemente, la lucha no es a nivel de ideas, postulados o propuestas alternativas, que el país requiere para alcanzar los cambios que necesita.
Por el contrario, las estrategias de la llamada ¨ guerra sucia ¨ se acrecientan, el buen nombre y la honra se pisotean abiertamente; la mentira y la calumnia se presentan con un afán desmedido por ser el primero; las infidencias y deslealtades, se guardan, celosamente, bajo la manga para sacarlas en los últimos debates y de mayor climax político.
Para los que buscan sentarse en el sillón presidencial, es más productivo poner en evidencia, las debilidades del adversario, sus transgresiones, o sus pasiones ocultas, sean estas comprobados o no, con la finalidad de dejarlos fuera de combate. Bajo estos indicadores van creciendo o disminuyendo la mayor intención de voto.
Como consecuencia final de ese proceso, la corrupción alcanza los niveles más altos, más refinados y sutilmente destructivos de toda forma de ética y moral. Este flagelo se reproduce en lugares, aparentemente señoriales y palaciegos. Allí, se levantan los diques impenetrables de toda forma de verdad y justicia.
Tal como la araña teje sus redes hasta alcanzar su presa y destruirla; así la decadencia moral y espiritual deja a las generaciones sin progreso, postergando sus esperanzas y alejándolas cada vez más, del nivel de desarrollo y calidad de vida.
Toda forma de violencia es producto de la naturaleza caída del ser humano. No es coherente pensar que de un alma llena de egoísmo, tenga como fruto la paz conciliadora; de un corazón lleno de amargura y resentimiento, esté listo a dar amor y respeto; de un alma sedienta de poder pueda pensar en el bien de otros. Jesús dijo:
No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Lucas 7:43
Para entender la ambivalencia social que produce desasosiego, y confusión, distorsionando los valores éticos, cívicos y sociales, tenemos que hacer una confrontación interna e imperativa de las áreas que están afectando la personalidad humana. Son los jóvenes quienes reciben, en grandes dosis, esta pedagogía carente de la verdad y de sensibilidad social.
Poner énfasis en el intelecto, para buscar soluciones posibles, resulta insuficiente y limitada, por ser puramente humanista, si éstas, además, interactúan, con la carga emocional egoísta, que busca colocar los intereses personales en primer lugar; se producirá el natural desvío de la voluntad, hacia lo incorrecto, porque no se ajusta al parámetro de lo bueno y lo equilibrado, requisito indispensable para actuar a favor de los demás.
Si queremos ser honestos, debemos empezar a aceptar que el área espiritual rezagada y no tomada en cuenta como persona integral poco podemos esperar.
Necesitamos retornar al libro de instrucciones que es la Biblia, porque es allí donde aprendo los valores que el Creador a dejado para no equivocarme.
En una comunicación íntima y personal entenderé que existen criterios más sabios que los míos, porque vienen de una inteligencia perfecta, interesada en nuestro propio bien, no lejana de mi realidad circundante, susceptible a interactuar y enriquecer mis ideas, mis actitudes y mis acciones.
En este acercamiento comprenderé, que toda forma de mal se encuentra en el corazón humano; Dice la Biblia en Mr: 7: 21 que de dentro del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias , las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia la maledicencia, la soberbia. De allí, que toda propuesta bien intencionada, se quedará en el tintero como doctrina, norma, o leyes que pretenden un cambio en el sistema y su pretendido éxito será una utopía.
Hay una sentencia que viene de Dios: NINGUNO DE VOSOTROS PIENSE MAL EN SU CORAZON CONTRA SU PRÓJIMO. Es interesante el énfasis que se pone en el pensamiento, Sólo el pensar mal del prójimo nos descalifica para buscar el poder. La batalla comienza en la mente y como alguien lo señalara refiriéndose a los pensamientos, estos se convertirán en palabras, y las palabras, en hechos, los hechos en hábitos; los hábitos forman el carácter, y el carácter se convertirá en destino propio y el destino de otras personas a quienes pretendamos liderar.
Dios, amó de tal modo al hombre que entregó a su Hijo Jesucristo, para que alcancemos el más grande de los éxitos. Sólo en El, podemos alcanzar la verdad que nos hará libres de nuestra propia esclavitud, traicionera y codiciosa. Sólo en El, es posible volver a amar a las personas con sinceridad y transparencia y adquirir el compromiso para servirles. La fe en Cristo hace posible que no claudiquemos, ante ambiciones obsesionantes y peligrosas de la vida.
La Biblia dice que no hay ninguna persona justa, o buena, bajo el criterio de Dios, (Romanos 3: 23). Por lo tanto; necesitamos una gran dosis de humildad para reconocer que hemos transgredido sus leyes. Allí comienza el principio de reconciliación que se habla tanto en estos tiempos. Primero reconciliación con Dios y luego con el hombre, a través del perdón.
Amigos: Los discursos más estructurados ni la oratoria más dilecta, no puede cambiar lo destructivo en constructivo. Para enderezar los caminos torcidos o detener los pensamientos denigrantes contra el adversario; necesitamos que el corazón, como fuente de vida, sea transformado. Y esa es la gran tarea, que sólo le corresponde a Dios.
La confianza y fe en Dios, necesitamos depositarla con autenticidad, en su persona, es una actitud de entrega y humildad, de reconocimiento a su Suficiencia y Poder. Entonces, estaremos listos para iniciar un camino nuevo en la vida y extenderla a favor de los, que conformamos el país.
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