jueves, 17 de septiembre de 2009

CONTAR ES VOLVER A VIVIR: PROTAGONISTA EN "LA CENICIENTA"













Hoy recibí un bello Power Point que mostraba la hermosa ciudad de Viena, en Austria. Sus paisajes parecen arrancados de un sueño paradisiaco y su música de fondo: “En los bosques de Viena” conocido como El Danubio azul. ! Me deslumbraron!

La cibernética nos tiene acostumbrados a estos mensajes. Muchos de ellos, nos alegran y despiertan el buen ánimo al hacer un alto en nuestra rutina On line.

Lo singular de la recepción de este mensaje fue, que bajo ese escenario musical del vals vienes, afloraron recuerdos vividos, en mi niñez. No es que conociese Viena, por lo pronto seguirá siendo un sueño por alcanzar. Soñar, es una forma de recreación del espíritu y nos sirve para que los canales de la vida se vigoricen.

Siendo una niña, de siete años, escuché por primera vez, esta preciosa creación musical. Podía haberlo olvidado con el paso del tiempo, hora doy fe de lo importante que es participar, en la edad infantil, de toda forma de arte, música, teatro, danza y en general las artes plásticas. Dejan en la memoria recuerdos imperecederos. Marcan la vida y hasta los senderos vocacionales, para desarrollar las competencias artísticas , que se hallan escondidas, como brillantes sin pulir.

La madre de Coco Rodríguez, una amiga de la niñez, era una mujer, con esmerada educación en los mejores colegios de Trujillo. Tenía estudios de canto, Ballet, y piano.
Por razones profesionales, de su esposo, un ingeniero de minas, la familia se tratrasladó a la ciudad minera de Quiruvilca, provincia de La Libertad, donde mi familia también vivía allí.



La familia Rodriguez, sin desligarse del todo, de su espacio social, cultural y geográfico, hacía viajes cortos a la ciudad de Trujillo, residencia de origen.

El carácter de la señora Leticia, era atractivo, inspiraba confianza. Nunca, mostró arrogancia, característica, muy propia de algunas personas de la "alta" sociedad Trujillana.



Podíamos comprobarlo, en su relación amistosa con nuestra familia, en las invitaciones a su casa, para jugar con sus hijas. Ella no evidenciaba ninguna diferencia entre sus hijas y nosotras, las invitadas. Todas saboreábamos, por igual, la leche chocolateada calientita, los kekes y galletas preparadas por sus manos. ¡Como nos alegraban esas idas y venidas a la casa de esta familia!

El caminar por la vida, nos hace conocer a las personas. Algunas, teniéndolo todo, saben compartir con otras personas, los valores aprendidos y trasladan su estilo de vida, sencillo , solidario, y asequible a sus compañeros en el largo sendero de la vida.

Traigo esto a colación porque, recuerdo a una compañera de la escuela primaria, en Trujillo, quien asimiló el aprendizaje recibido en su familia: no comunicarse con nadie, que no fuese de su misma condición social.

Ella era conducida, diariamente al colegio por su nana. Sus cuadernos y libros los guardaba en un cartapacio de cuero repujado, muy bonito y elegante. Lo llevaba muy orgullosa, como un pavo real o como una Barbie, de esta época.

Cada día, se presentaba, a la escuela, luciendo, sus agrandados ojos, por unas pestañas rizadas, con rimel.
En el colegio, sólo tenia una amiga, también de su nivel social. En clases no hablaba con nadie. Se mostraba muy orgullosa de pertenecer a los Orbegoso. ¡Que diferencia con los Rodríguez!

La señora Leticia, se propuso hacer eco generoso de su cultivada, práctica educativa, tanto con su hija y con familiares y amigas muy cercanas. Montó, una obra músico teatral: “La cenicienta”. Tuvo la iniciativa de reemplazar, en el musical, a Chaykosqui, por Straus, con su bello “Danubio azul”

Las protagonistas principales, fueron: Como la Cenicienta, Coco, hija de los señores Rodríguez, una niña con estudios de ballet clásico.


Mi hermana Olga, como el Príncipe, quien se enamoró de la Cenicienta.
Mis otras primas y otra amiga de la familia ocupaban los papeles de la madrastra, y las hijastras.


De lo que estoy segura es que ninguna pasaba de los doce años. Iba a ser la sensación presentar a las adolescentes, en esta obra de la literatura de oro, para niños.


A nosotras, las hermanas menores, no nos escogieron y sólo íbamos a ver los ensayos. Algunas veces nos encargábamos de alcanzar pequeñas cosas, que precisaban para la ambientación del entorno escé nico.


Fui testigo presencial, de los hermosos vestidos largos de fiesta, en telas y encajes muy finos, que eran parte del vestuario de la promotora. Los habían, en color oro brillante, otro de un color verde agua, y hasta uno en amarillo muy tenue. Estos vestidos, lucieron los personajes, adecuándolas a sus tallas.

El personaje, que hizo de Cenicienta, tuvo una previa presentación. El príncipe solo la observaría.

Me gustó el peinado lizo, que terminaría en un moño ajustado, adornada por una corona de rosas. Llevaba un vestido blanco vaporoso de tules muy corto, completando su atuendo unas largas medias, muy pegaditas para terminar con unas zapatillas abrillantadas, con las que bailaba de puntillas !Que fantástico!

Continuaba asombrada, cuando vi, como arreglaban y vestían al príncipe. Llevaba, un saquito azul muy pegado al cuerpo, de corte princesa, bordeando, en cinta plateada, tanto el cuello como los puños, y un pantalón blanco pegado al cuerpo, al estilo francés.


Su perfil físico, se ajustaba a este personaje. Sus largos cabellos castaños, muy ondulados, estaban sujetos por una cinta celeste, que dejaba caer, en sus espaldas, los largos rulos. Con este peinado, destacaba más, su rostro sonrosado, y su delineado perfil.

En el desarrollo de la obra, hubo una escena, donde la Cenicienta baila sola. Y es allí donde luce este vestido maravilloso. El príncipe, la miraba deslumbrado y nosotros desde la platea, hacíamos eco a ese asombro. Coco demostró todo su talento en el Ballet.

En otra escena, el príncipe, se acerca a la Cenicienta, y la invita a bailar. Era un vals, de pasos largos, pero que exigió muchos ensayos.


Bajo una lectura actualizada, deduzco la importancia de la disciplina que evidenció el profesionalismo de la señora Leticia.

Esta presentación fue un éxito, había una algarabía, y los aplausos eran contínuos. Muchos pedían a la Directora, que se volviese a repetir, en otra oportunidad.

La dedicación de la promotora, al montar esta obra hizo impacto, en la vida de adultos y niños, que tuvimos el privilegio de tener una experiencia cultural nueva.



Doy fe de lo que significó en mi vida, como hecho real y haber interiorizando, la música, las escenas y la danza , porque acompañaba a mi hermana Olga a los ensayos.

Este estilo de espectaculos, hoy gozan de mi preferencia en teatros y auditorios donde se presentan.

Posiblemente, nos preguntaremos que ha sido de la vida, de estos personajes.

Coco que hizo de Cenicienta, falleció, joven casi recién casada, abatida por el cáncer.


Mi prima Amanda también fue visitada por este terrible mal, hoy se recupera lentamente.


Chabuca esta casada, con un medico, vive en Trujillo, ella perdió a su primer hijo de forma trágica.


Mi hermana Olga, goza de una vida feliz, tiene cinco hijos, nietos y bisnietos. Ella sigue la escuela de Dios, sabe cual es el propósito de su vida, buscando la Sabiduría en las clases de estudio Bíblico. Su hobby es mantenerse muy relacionada con amigas y familiares. Tiene una vida social activa.


En estos momentos ya debe haber llegado a USA a visitar a su hija Miriam.

1 comentario:

  1. Mamita,
    Hermoso... me llevaste hasta ese lugar y ese escenario. Muy rica tu descripcion y sobretodo esos hermosos recuerdos.
    Eso me anima a seguir poniendo a Tiffany esa hermosa musica clasica que tanto le gusta y disfruta!
    Te ama, Connie

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