ATRAVESANDO UN OCÉANO DE SAL.
Las anécdotas de una niña adolescente son interesantes, porque permiten ver en el tiempo, rasgos importantes del carácter. Y podrían llegar a ser los cimientos, fortalecedores de la personalidad. Otras, al conjugar, espacios y tiempos, que se tejen en sociedades disímiles, nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de la interacción. Si logramos, una buena relación entre unos y otros, puede conducirnos al buen entendimiento en los grupos sociales. Este enfoque le da un valor agregado a los recuerdos.
Esta etapa maravillosa, fluye en creatividad. Los sueños y anhelos pasan por la imaginación enriqueciéndonos. En el mejor de los casos, vivimos inmersos en lo real maravilloso. Somos proclives al asombro, que difícilmente lo logramos como adultos. Dejamos en cada rasgo de la experiencia, lo que quisiéramos "llegar a ser".
Otras veces nos obliga a investigar el entorno de las vivencias. Este ejercicio, permite, distanciar la fantasía para añadirle toques de verosimilitud.
Comparto mis anécdotas, con el anhelo de interaccionar con mis lectores. Tienen la libertad, de hacer una crítica constructiva, siempre será un peldaño más para escribir mejor. Es una forma de poner en las manos de los más cercanos, hechos y memorias pocas veces comentadas oralmente.
Por todo esto es que me animo a “Contar”.
Los Viajes abren caminos para los cambios.
Las oportunidades, son de los que se atreven a aceptarlas. !Había algarabía en el hogar! Mi padre, que trabajaba en un centro minero del Departamento de la Libertad, acababa de recibir una invitación de trabajo para Bolivia. Eso implicaba buenas posibilidades económicas y por ende lograr mejoras en la calidad de vida en la familia. El contrato se definió con un sueldo en Dólares, que en esos tiempos, era comparable a sacarse la lotería. – ¡Esto es un regalo del cielo! - oímos decir a mamá. El diálogo entre ellos, a penas si podía entenderlo, pero su comprensión se facilitaba al ser reforzados por sus rostros felices.
Me preguntaba - ¿El sueldo en Dólares será porque mi padre habla inglés?- Pero el viaje no es a Estados Unidos, es a Bolivia- Me repetía- ¿Podría ser alguna forma de recompensa?
Mis pensamientos revoloteaban en mi mente al recordar una anécdota, que se contaba, como una de las tradiciones familiares.
Siendo mi padre un destacado estudiante en un colegio de la ciudad de Trujillo, logró una beca de estudios con viaje incluido a los Estados Unidos. ¡Vaya regalito! Entusiasmado compartió a su madre viuda, la noticia. El llanto y los ruegos de mi abuela no se hicieron esperar a fin de, que desistiera del viaje.
Ella, a pesar de haberse educado entre doctores, sacerdotes y profesores, quienes conformaban su familia inmediata, es decir, padre, hermanos y esposo, no pudo asimilar la separación del hijo querido.
Antes de la decisión final, él consideró sus valores y sus prioridades.
Las sociedades y sus comportamientos, son respuestas del producto de la educación, de los valores, de los adelantos tecnológicos y científicos. A ellos se suman otros elementos que son indicadores para interpretar la realidad de cada época y tener una lectura más comprensiva de los hechos.
Viene a mi memoria, el relato costumbrista, en las Tradiciones de Don Ricardo Palma. “El Viaje del NIÑO GOYITO” Este relato recopila costumbres, críticas políticas y pensamientos de la época republicana en el Perú. Allí se presenta a un personaje que refleja la sociedad de su época, con sus debilidades y fortalezas.
Goyito tiene , que realizar un viaje a Chile, forzado por problemas familiares. Fue uno de esos viajes indecisos con preparativos de más de seis meses, para determinar el irse o quedarse.
Por todo ello podía pensarse, en este tiempo, que se trataba de un viaje al mundo espacial. Por fin, Goyito, sale del Callao rumbo a Chile. Su decisión tomo fuerza porque estaba de por medio" solucionar un problema familiar".
La despedida que le hicieran al niño Goyito, fue toda una odisea. Los amigos y familiares, entre llantos y sollozos, hacían colas para despedirlo con bendiciones interminables y regalitos, Todos suponían que nunca más lo volverían a ver. Al partir les dice: “A los amigos y amigas tened el presente artículo por visita o tarjeta de despedida, y rogad a Dios me dé viento fresco, capitán amable, buena mesa y pronto regreso”
Creo entender a mi abuela. En sus tiempos, los viajes, estaban llenos de dificultades, con preparaciones dilatadas despedidas no alentadoras, y con corazón temeroso por el vuelo de los aviones, para ella, muy inseguros. ¡Mi abuela pensó en una despedida sin retorno!
El caso fue que mi padre decidió suspender el viaje y quedarse en el país. Esta decisión, un tanto frustrante, ya que implicaba la renuncia de sus sueños, tuvo la virtud de no cargar reproches, trasladar culpabilidades o reclamos a su anciana madre. Sus prioridades obedecieron a sus valores personales.
Además, esta aparente debilidad, supo convertirla, en fortaleza. Se propuso ser un autodidacta del idioma Inglés. Los estudios a distancia, acompañados de discos y libros, no se hicieron esperar. Sus prácticas diarias las realizaba con sus compañeros de trabajo norteamericanos, quienes llegaban como funcionarios, asesores o profesionales a las minas norteñas.
La evaluación del esfuerzo fue de alto nivel, con una fonética envidiable, así se lo hicieron saber. En las últimas décadas de su vida, terminó haciendo lo que más le gustaba, enseñar Inglés en colegios de la capital.
En la capital más alta del mundo.
Llegó el día del viaje de mi padre a Bolivia. Le seguiría meses después mi madre, para concluir con nosotras las hijas, al finalizar el año escolar en Trujillo.
Fue impresionante viajar por primera vez, en un avión. Los dedos de la mano parecían tocar los cielos y nubes. De pronto, la turbulencia apareció al cruzar los Andes. Muchas personas requerían inhalar oxígeno y entre ellas mi hermana. Fueron momentos en que extrañamos más a mamá.
Al aterrizar el avión en el Alto de la Paz, quedé deslumbrada ante el impacto del imponente Illimani, a más de 6,000m. Decían que era un volcán extinguido. Los turistas afirman como, los crepúsculos vespertinos del Illimani van pasando por diferentes tonos de colores hasta extinguirse y alcanzar el blanco eterno. Aparecen tras de él, sus inigualables paisajes contrastantes. La visión panorámica del altiplano, desde lo alto del Illimani, permite, ver desde allí el lago Titicaca, hasta el Perú, el Sajama hasta Chile y los valles, bajando hasta la amazonía.
El automóvil no se detenía ante los obstáculos en declive, con curvas pronunciadas y resbaladizas en descenso hacia la ciudad capital. Al llegar a La paz, mi curiosidad se fijó en algunas damas en las calles céntricas de la ciudad. Sus atuendos eran muy elegantes, llevaban abrigos de pieles muy finas, o estolas abrigadoras de zorro plateado. Posiblemente fue una época de una excelente economía en el país.
Entre paseos y compras, el diálogo entre mis padres, se abrían en interrogantes frente a la decisión del colegio en que debería continuar mis estudios. Siendo un país ajeno, sin familia y amistades, era válida su preocupación. Sin embargo, no me inquietaban estas conversaciones, las veía muy lejanas. Además, estar junto a ellos, era suficiente para mí. En ese momento, me interesaba conocer un país con una geografía diferente, a la Costa peruana.
Los contrastes femeninos, en la vestimenta, siguieron apareciendo. Las mujeres indígenas, quienes eran parte de la gran población del país, vestían ropa en colores fuertes y vistosos. Llevaban polleras de terciopelo, bordadas de flores muy grandes. Una chaqueta muy pegada al cuerpo, hacían verse las faldas con mayor amplitud. Resaltaba las cintas negras en el sombrero de copa medianamente alta. De repente me vi entre pieles, terciopelos, cintas y sombreros, que evidenciaban las diferentes clases sociales, muy marcadas. ¡Pero había más por descubrir!
CAMINO HACIA UN MAR DE SAL.
El tren avanzaba hacia nuestro destino. En el trayecto pude entender porque le llamaban a ese país altiplano. No se veían montanas, toda la geografía, era completamente plana, de vez en cuando la escasa vegetación era interrumpida por riachuelos. La aridez del camino no despertaba mucha curiosidad durante el viaje. Pasadas varias horas en la travesía, de pronto la velocidad del tren fue disminuyendo, hasta anunciar con su silencio que habíamos llegado a la ciudad de Uyuni. -¡Que frío!- dijimos a una voz mi hermana y yo, arropándonos a más no poder.
Papá nos explicó que el frío intenso, se debía a la existencia de una enorme expansión. Pronto lo conoceríamos, -¿Tenemos que ir hasta allá?_ preguntamos inquietas, mientras seguíamos los pasos apresurados de nuestros padres.
¿Por qué era necesario subir a un carro tan alto?- pensé-
En un momento, ya estábamos tratando de alcanzar los asientos, del gran carro, para lo cual fue necesario acondicionar el piso, con altos bloques de sal, para no mojarnos los pies.
- Mis padres nos pusieron unos lentes oscuros advirtiéndonos no quietarnos para evitar dañarnos la visión.
- ¡No podía creerlo!, nunca mis ojos vieron algo semejante. Era una llanura interminable, plana y banca de sal, semejante a un inmenso mar blanco. Nuestros ojos sólo alcanzaban a ver, lejanamente, el horizonte.
El carro avanzaba, a la población minera, Salinas de Garsi Mendoza, en el departamento de Potosí, lugar del trabajo de mi padre.
En ciertos trechos ya secos, se notaba el piso salado cuarteado, cual poliedros irregulares, con lados de dimensiones diferentes.
¡Que extensión tan inmensa! , sin montanas visibles, pero si algunos islotes. La información nos la iba dando mi padre y el chofer. _Afirmaron que la zona estaba ubicada a más de 3, 600 metros de altura sobre la Cordillera de los Andes. Posiblemente, había existido 40,000 años atrás un inmenso lago prehistórico, llamado Sillivan.
Si seguimos en dirección opuesta, se pueden ver inmensas reservas de llamas, vicuñas y alpacas. ¡Miren hacia allá!- Nos dijeron- En ese lugar existen las famosas lagunas de colores diferentes y en el mes de noviembre se produce la cría de algunas especies de flamencos.
El chofer nos decía, que existían unos Cactus gigantes de hasta 10 m de altura, encontrándose en la Isla del Pescado, situados en el centro del Salar de Uyuni.
Cerré los ojos, por un momento, mientras mi imaginación me llevaba a los lugares nombrados deseando estar allí.
Una lectura actualizada del lugar.
Los estudiosos nos dicen, que el Salar esta compuesto de aproximadamente 11 capas de sal, con espesores que varían entre los dos y diez metros.
Si seguimos con los cálculos numéricos dicen que la profundidad del salar es de 120 metros, los cuales, están compuestos de capas de salmuera superpuestas y barro lacustre.
Es interesante, conocer la composición del salar. Además de sulfatos de sodio, contiene un mineral, que es la ulexita "piedra televisión", es transparente y tiene el poder de refractar a la superficie de la piedra la imagen de lo que está debajo. Es uno de los salares que se le considera como la mayor reserva de litio, pero con la dificultad de su extracción por la falta de agua. Se estima que el Salar de Uyuni, contiene unos 10 mil millones de toneladas de sal, de los que se extraen anualmente 25 mil toneladas.
Actualmente, es el lugar turístico, más visitados de Bolivia, cada año llegan cerca de 60,000 turistas. Es interesante observar que existe un hotel, construido íntegramente de sal.
Este lugar no sólo es visitado por los turistas. La Nasa esta realizando pruebas de los equipos para ser enviados a Marte, por el parecido que han encontrado, en este lugar boliviano, con ese planeta.
Algo muy interesante, la superficie del Salar de Uyuni trabaja hasta cinco veces mejor para la calibración de satélites que la utilización de la superficie del océano. En septiembre de 2002 un equipo tomó las medidas de elevación con el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) detallados de una parte de los pisos de sal, los cuales fueron usados para evaluar la exactitud y la precisión de los instrumentos del ICESat.
Ahora, reconozco la importancia del suelo blanco que pisé. Sin duda estaría lista a dar mi voto pues, está postulando para ser una de las nueve maravillas del mundo.
! Se terminaron las vacaciones escolares!
Las dulces vacaciones llegaban a su fin, ya mis padres tenían claro el lugar al que iría a estudiar. Una vez más atravesaríamos el Salar de Uyuni. Eran horas, de mirar la blancura del suelo.
Mi padre, desde entonces se convertiría en mi compañero de viajes del hogar al colegio. Eso me hacía sentirme segura y confiada.
Mi residencia escogida fue Oruro, una ciudad grande y populosa, con 3,700 sobre el n.d.m. Mi condición de estudiante, exigía permanecer en el internado del colegio del mismo nombre de la ciudad. Por la atención brindada por las religiosas alemanas, el internado alcanzó un gran nivel de prestigio. Muchas estudiantes de otras ciudades llegaban para internarse en él. En una oportunidad conocimos a la nieta de tres años de edad, del expresidente Paz Estensoro. La dejaron al cuidado de las religiosas por unas semanas.
Me quedaban pocos días especiales, junto a papá. Con la lista de útiles en mano, marchábamos para comprar todos los implementos que harían falta para mis estudios. Uno de esos días, escuchamos una música vernacular estridente. A medida que nos acercábamos a ella, iban apareciendo las imágenes de comparsas de bailarines. Llevaban máscaras representando rostros de diablos. ¡Me asustaron!
Respondiendo a la pregunta de mi padre, las personas a nuestro alrededor, decían que se trataba de una danza típica llamada “La Diablada”. Estas danzas se llevaban a cabo en la celebración de los Carnavales.
La atracción movía a todos, desde los que le seguían su compás desde la plataforma, hasta los adoquinados en sus balcones.
La danza ostentaba una riqueza propia, por considerarse "una forma de vida", con la mayor expresión artística, proveniente desde América precolombina. Bolivia lo considera como un símbolo patrio siendo reconocida por la UNESCO como la Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.
Un tanto tímida y sin pestañar, iba descubriendo, con los ojos muy abiertos la amplitud de la infraestructura blanca del internado. Rodeada exteriormente por árboles de pino, que la hacían parecer majestuosa. Sus ventanales amplios, no permitían pensar en encierros.
En el patio interior los árboles de pino, seguían siendo tan imponentes como los de afuera. Sus movimientos constantes, le daban colorido y vida. Este será mi lugar de juego!- pensé- hasta que súbitamente, al mirar por los ventanales de un segundo piso, me encontré con la mirada curiosa de chicas de mi edad.
¡Claro que fue el lugar de mi preferencia en el futuro! Alegrías repentinas, expectativas provocativas y sorpresas novedosas. Recuerdo que en tiempo de pascua, las religiosas, solían esconder los conejitos, hechos por sus manos, llenándolos con pequeños huevos de riquísimos chocolates. Teníamos que descubrirlos y apropiarnos de ellos. La búsqueda se centraba en los árboles entre las ramas de los pinos, hasta hallarlos. Era una tradición Europea y Norte Americana, nueva para muchas de nosotras.
La Biblioteca, con sus enormes ventanales, era el lugar para mantener saludables y hermosas a ciertas plantas de interiores, quienes lucían sus abrillantadas hojas. Era un lugar tractivo para el estudio y la lectura. Al momento de entrar allí, no se permitía el uso de zapatos comunes. Teníamos otros de plantilla suave, que no sólo sirviera para no arañar el piso, sino para cumplir con las normas del silencio riguroso. Era el lugar de lectura y estudio. No existía, otra opción: leer, nos guste o no nos guste.
Bajo una cuidadosa disciplina seguíamos a la monjita de turno a la hora de dormir. Luego de pasearse de extremo a extremo, con su largo rosario blanco en mano, esperaba, que nos durmiésemos, recién ella podía acostarse. Su dormitorio, junto al nuestro, estaba separado por cortinas muy bancas. Algunas veces nos provocaba romper las reglas estrictas del lugar, como cambiarnos de cama o hacer volar las almohadas por los aires. Esta travesura significaba correr el riesgo de la suspensión de las salidas domingueras.
Las mayores disciplinas recibidas se las llevaban las alumnas de secundaria. El olfato de la supervisora las alcanzaba, detectando las indisciplinas y sin lugar a reclamos les caía la suspensión a fin de semana.
La imaginación surgía en tiempos de recreaciones largas. Nos gustaba representar películas de aventuras. Especialmente, del tipo histórico, de caballería o las infaltables de conquistas y guerra. Por allí surgía una Juana de Arco, el idealista don Quijote con su inseparable escudero Sancho, otras como Alejandro el Magno y hasta la de Ulises y su esposa infatigable tejedora, Penélope en la Odisea.
Siempre había alguien que hacía de narradora, por conocer mejor la obra. En ellas hacíamos gala de la imaginación tanto en ropaje, escudos, yelmos y espadas, mientras subíamos y bajábamos montañas, y torres fortificadas. Jinetes y caballos imaginarios, surgían en atropelladas carreras, buscando ser vencedores para llevarse a la princesa de sus sueños. Resultaba interesante sincronizar la imaginación el heroísmo y el amor, frente a un auditorio solitario.
La gran sorpresa.
Una vez al mes, las religiosas cancelaban las salidas domingueras, de las alumnas de primaria. Ellas estaban interesadas en fortalecer la cultura artística. Nos llevaban a ver películas musicales como “Las zapatillas rojas” “Bailando sobre al lluvia”, “El fantasma de la Opera” o la vida de grandes músicos, tales como F. Chopín. Todas ellas eran seleccionadas cuidadosamente.
Sin embargo, en cierta oportunidad, nos dijeron: Hoy veremos una linda película: “El niño perdido” Sin duda, ellas no habían leído la crítica, y pensaban que se trataría de un argumento al estilo de Hansel y Gretel, o del triste niño perdido en el bosque.
Lo cierto es, que se llevaron una gran sorpresa y nosotras también. Era una comedia mexicana, de doble sentido. El protagonista correteaba a las chicas, con el fin de besarlas. El seductor, sólo esperaba que el reloj marcara cierta hora, para salir en busca de sus escogidas. La turbación de las religiosas, no se dejó esperar. Hacían lo imposible para que abandonásemos el cine. Nadie se movía y entre levantarse y sentarse el público ya mostraba su incomodidad. Entonces nos ordenaron que nos cubriésemos los ojos con nuestras manos, dándonos el ejemplo. Hoy no daría cuenta del argumento, si no nos hubiésemos cubierto los ojos, pero con los dedos entreabiertos. ¡Fue algo de no olvidar! Eso pasa hasta en las mejores familias. Lo cierto fue, que la actitud de las religiosas, sólo consiguió despertar mayor interés.
¡Si tu puedes entrar en el túnel yo también!
Cierta vez, nos llamó la atención ver a una alumna de secundaria, en una actitud investigadora en el patio de pinos. Levantaba hojitas, las volvía a esconder, en un rincón del patio casi oscuro. Su actitud despertó nuestra curiosidad, porque luego desaparecía rumbo a otro lugar. Nos acercamos el grupo de chicas y le preguntamos – ¿Que haces?- Ella muy segura, nos dijo:- Estoy preparándome para ir al túnel secreto- a la vez que señalaba el lugar.
_ Allí, tengo un encuentro con un personaje, que ustedes no pueden ir –nos aseguró. Luego nos refirió que ella pertenecía a un linaje sobrenatural. Su narración nos hacia estremecernos de miedo. Minutos más tarde desaparecía por una pequeña puerta, a la que entraba encorvándose. Cuando salía nos decía, - Si ustedes intentan ingresar puede pasarles algo grave.-
Al quinto día, antes que ella desapareciera, acercándome le dije_ “Hemos decidido que yo te voy a acompañar”_ Ella quedó desconcertada, todavía presumía seguir teniendo el poder. Enfáticamente reafirmó, el peligro de que yo pudiera desaparecer dentro, si la seguía. – No importa, conteste- Al ver mi decisión tuvo que acceder. Me dio un pedacito de vela y con ella encendida, marchamos hacia el gran descubrimiento.
¡Fue uno de mis grandes desafíos! No se, como me cubrí de coraje. Mis amigas me miraban paralizadas, otras trataban de disuadirme de la decisión tomada tratando de sujetarme. Pero seguí firme y marchamos al túnel siniestro.
Avanzamos lentamente por él, introduciéndonos más y más. Ciertamente era muy oscuro, angosto y húmedo. _ ¡Aún estás a tiempo, para regresar!_ me dijo. – ¡Avancemos! - repliqué.
Cuando llegamos a mas o menos diez metros en el interior. Ella se paró en seco y me dijo:- Mira, no hay nada, pero, guardemos el secreto, sigamos mintiéndoles a las chicas. Es gracioso verlas como se asustan. En ese momento no le contesté, pero ya afuera, le dije- no voy a seguir tu juego. Y la puse en evidencia, diciéndoles a mis amigas: “Todo fue una gran mentira”. Y comenzamos a correr persiguíendola. Ella empezó a correr hasta buscar protección acercandose , disimuladamente, a una de las monjas, quien no se percató de lo sucedido.
Un viaje aventurero.
Se acercaban las vacaciones escolares de medio año. Mis amigas muy ilusionadas se alistaban para viajar a la casa de sus padres. Los días pasaban y yo no recibía ninguna carta, o llamada por radio a mi tutor, que me anunciara ¡Prepárate para el viaje!
La comunicación en general era difícil. Lejanamente recibía noticias y las sorpresas llegaban de vez en cuando, tales como una visita de papa, o algún paquete traído por algún amigo de la familia. Estas encomiendas servían para reforzar la cercanía de mamá, quien con su sazón lograba poner en su punto las deliciosas perdices horneadas. Nada menos, que mi futuro cuñado, se encargaba de cazarlas. Era uno de sus deportes favoritos.
Mi ilusión de viajar se desvanecía ante la espera. Sabía que si me quedaba en un ambiente casi vacío, por el viaje de la mayoría de las estudiantes posiblemente estaría triste y aburrida.
Faltando dos días, para el viaje vacacional de Mariana a Uyuni, su ciudad natal, aún no tenía ningún permiso de salida. De pronto, mi amiga sugirió hacer el viaje juntas hasta su ciudad y de allí llamaríamos a mi padre para que me recogiera. Así se lo hicimos saber a las religiosas, quienes nos mantuvieron en suspenso antes de su respuesta definitiva.
Mariana, con su linda actitud solidaria, marcó mi corazón en esta etapa de mi vida. Puedo verla con un rostro risueño, luciendo un cerquillo que le cubría graciosamente la frente. Dos trenzas negras terminadas con lazos de cinta de colores, demarcando su tez clara, con rubor natural en sus mejillas.
Fuimos llamadas a la oficina de la directora, ¡Ella accedió a nuestro pedido! Luego nos dijimos una a la otra ¿Será que ellas también querrán viajar? El caso era, que estábamos felices de viajar juntas.
Casi sin dormir por la emoción, al siguiente día salimos a la estación del tren, rumbo a Uyuni. No parábamos de hablar hasta escuchar el silbato del maquinista anunciando nuestra llegada. Era un atardecer, los reflejos del sol se despedían al ocultarse, mientras el Salar, se encargaba de intensificar el frío. Huimos de él, refugiándonos en casa de Mariana. Fue reconfortante tener a mi amiga asumiendo el papel de hermana mayor, cuidándome durante el viaje y buscando, que la estadía en su hogar sea lo mas placentera posible. Mariana, si conocía su clima y supo suplir creativamente, nuestras necesidades.
Un poco asustada temiendo, provocar un disgusto a mi padre, por el viaje sorpresa, avanzamos hacia la estación de la radio. -¿Cómo reaccionaria?- pensaba en voz alta. Olvidándome de mis temores, con voz triunfante le comuniqué mi presencia en la ciudad. Tuve como respuesta, un breve silencio, como tratando de captar el mensaje. Reaccionó inmediatamente, anunciándome su presencia en el término de la distancia. ¡Que alivio! Pronto vería a mi familia. El abrazo cariñoso de mi padre, alejó todo temor y juntos nos embarcamos en el gran carro hacia el hogar.
Escuché algunas críticas, a las religiosas, por haber permitido mi salida sin autorización, corriendo riesgos, que pudieron ser peligrosos tratándose de menores de edad. Dios nos cuidó y todo salio bien ya estaba en el hogar segura y feliz.
Las atenciones, al llegar hicieron de mis vacaciones algo inolvidable. Recibí noticias asombrosas. Prontamente nacería mi hermanito. ¡Que ilusión y expectativa! Yo podía cargarlo y verlo crecer, mientras no viajara por estudios. También me anunciaron que en algunos meses se casaría mi hermana mayor pues el novio había pedido su mano. En poco tiempo, viajarían todos a Corocoro, una ciudad cercana a La paz, lugar donde continuaría, desarrollándose el proyecto de trabajo de mi padre. Con estas noticias en mente, empecé a preparar maletas para retornar al internado.
Música en vivo y en directo.
Hablando de música, cierta vez, las religiosas accedieron a que tengamos una visita con dos alumnos de la escuela. Bajo la mirada cautelosa de las monjitas, Julio, el cantante, a insistencia nuestra empezó su repertorio artístico. Sin duda quería impresionar a Maria Eugenia, de quien estaba enamorado. Mi amiga, solía permanecer en internados en períodos muy largos pues, su padre era diplomático y viajaba constantemente. Esa situación nos enternecía y por ello nos esmerábamos en atenderla de manera especial.
La voz de este niño prodigio empezó a deleitarnos con las famosas composiciones del autor mexicano Agustín Lara, “Granada y Maria Bonita”, muy alusivo al nombre de mi amiga a quien la miraba insistentemente. Las monjitas se hicieron las disimuladas. Ellas sabían que en unos minutos, terminando el repertorio los despediría, como así sucedió.
Fue un día novedoso con visitas masculinas y voces celestiales, nos sentimos que habíamos crecido de repente.
Despedida silenciosa
El paseo a la Dunas de Oruro, se repetiría! Estos lugares eran formaciones enormes de arena. Una vez que estábamos en la cúspide, nos encantaba rodar a través de ellas. Pero, cuando regresábamos después de tiempo, las más pequeñas ya no estaban, los vientos las hacían avanzar hacia las más grandes, quienes habían aumentado de tamaño.
No pude ir con mis amigas. ¡Tenía que terminar de bordar un mantel para una exposición! Sin pena ni gloria les dije a mis amigas _ ¡Nos vemos, desfruten!_Sería el momento que las vería por última vez.
Me encontraba, en un lugar muy acogedor rodeado de ventanales con el sol penetrando hasta sentir un calor agradable. El tiempo transcurría de tal manera que me parecían horas. En el momento que la monjita hacia su recorrido por el lugar, de pronto, sentí que perdía el conocimiento. En mi inconsciencia, logré distinguir el rostro de la religiosa muy alarmada pidiendo ayuda. Tomando las medidas del caso me subieron al dormitorio. Apenas balbuceaba algunas palabras incoherentes, producto de la alta temperatura.
Cuando llegaron mis amigas subieron al dormitorio, bajo la estricta orden de guardar silencio, explicándoles mi estado de salud. En horas más avanzadas de la noche me llevaron a la enfermería del internado. Allí, nunca volví a ver los rostros de mis amigas, ni escuché sus voces. El médico ordenó un cuidado exhaustivo de día y de noche.
En este nuevo espacio, tuve cerca otro rostro sustituyendo al de mi madre, fue el de una monjita enfermera que empezó a velar mi enfermedad por días y noches ininterrumpidas, vi su valor a toda prueba.
Los momentos de mayor conciencia, sucedieron, cuando ella me despertaba para ponerme las inyecciones cada 12 horas. Lo único que recuerdo de los síntomas, fue mi inmovilización por la inmediata aceleración violenta del pulso, dando lugar a una taquicardia, que no terminaba de dejarme.
Pasaban los días y luego las semanas, solamente percibía los pasos silenciosos de mis amigas que pasaban frente a la puerta de la enfermería. Cada vez eran menos perceptibles sus voces y sus pasos, entendí, que ya estaban retornando a sus casas, por la finalización del año escolar. Asumí lo que dijera el poeta "no pude estrujar ninguna lágrima de mis ojos" en una abrazo de despedida.
Mi Tutor y su familia, preocupados por mi salud insistían en enviar telegramas y usar otros medios de comunicación con mis padres. El traslado de la familia a otra ciudad lejana, alejó las noticias, tanto como los kilómetros de distancia entre esa ciudad y Oruro.
Al fin llegó uno de los telegramas, a sus manos y tomaron las medidas del caso para el encuentro. Por eso supe que el texto de ellos se leían: -Urgente presentarse, su hija esta muy grave de salud.
El abrazo de reencuentro con mi padre fue único e innolvidable. ¡Ahora podía volver a casa! Sin embargo, sentía un sentimientos encontrados al recordar la despedida silenciosa de mis grandes amigas, compañeras de mis sueños, y de nuestros pactos de amistad, “Más allá de la muerte”.
Habían culminado parte de mis vivencias estudiantiles, en esa gran ciudad y en ese inolvidable internado. Me sentí satisfecha de no defraudar a mis padres, pues mi rendimiento escolar fue muy bueno, a pesar de las últimas dificultades.
Valió la pena los encuentros y desencuentros en pos de la educación. Los indicadores me dieron los resultados. Y, como si fuera poco, puedo decir:La pasé bien.
Reflexiones finales.
Mientras estas líneas se sucedían una tras otra, fui redescubriendo el valor de la familia. Y como el amor y la responsabilidad de un buen padre, abre el camino para no tener dificultades en conocer al Padre Celestial. Fui amada, valorada, cubrieron mis necesidades con amor y seguridad y de acuerdo a las posibilidades del momento, se proyectaron a facilitarme la educación más favorecida.
Ahora entiendo, que Dios guardó mi vida, templó mi carácter para encomendarme situaciones más difíciles, que debía cumplir en mi vida adulta.
Por todo esto puedo reafirmar el cumplimiento de la promesa de Dios en mi vida:
“Yo se los planes que tengo para ti, son de bien y no de mal, para darte un futuro y una esperanza. Jeremías 33:3